Verstappen puede dejar Red Bull en 2027: la cláusula que Silverstone destrabó

Futuro de Verstappen en Red Bull: monoplaza de Oracle Red Bull Racing

El alerón trasero cedió a media curva rápida y el Red Bull de Max Verstappen se fue derecho a la grava de Silverstone. Tercer abandono del año. Pero lo que se rompió aquel domingo no fue solo una pieza de fibra de carbono: fue el último cerrojo que ataba al neerlandés a Red Bull.

Suena a exageración hasta que uno lee la letra chica del contrato. Verstappen tiene papeles con Red Bull hasta finales de 2028. Dentro de esos papeles, sin embargo, hay una cláusula de salida: puede marcharse a otro equipo en 2027 si, al llegar al parón de verano de agosto, está fuera del top 2 del campeonato de pilotos. Antes de Silverstone las cuentas todavía daban, por remotas que fueran. Después del cero de aquel domingo, ya no. Con el abandono dejó de ser matemáticamente posible que Max escale hasta las dos primeras plazas antes de las vacaciones. La puerta quedó abierta. Y la abrió, de todas las manos posibles, el propio coche de Red Bull.

Un campeón mirando la tabla desde el séptimo lugar

Los números incomodan. A mitad de temporada, Verstappen es séptimo con 76 puntos. Por delante van los dos Mercedes —Kimi Antonelli, líder con 179, y George Russell, con 154— y los dos Ferrari de Lewis Hamilton (147) y Charles Leclerc (108). El hombre que ganó cuatro títulos seguidos observa el campeonato desde detrás de Lando Norris. No es una mala racha puntual: es un RB22 que no da para pelear y que, encima, falla. Dos carreras seguidas —Austria y Silverstone— lo dejaron tirado en curva rápida, con la FIA ya husmeando en los alerones traseros basculantes de Red Bull y Ferrari tras los incidentes.

“No tiene sentido competir si Red Bull no arregla el problema de velocidad punta”, soltó Verstappen durante el fin de semana británico, según Sky Sports. No es la frase de alguien cómodo.

“No nació para correr en la mitad de la parrilla”

Y ahí entra McLaren. El entorno del piloto —encabezado por su representante, Raymond Vermeulen— inició conversaciones exploratorias con Woking, primero antes del GP de Austria y después durante Silverstone. Los contactos, insisten los reportes, los movió el bando de Verstappen, no la escudería inglesa.

Vermeulen ha sido claro sobre la intención: quieren quedarse en Red Bull, pero con una condición que no admite matices. Verstappen, dijo su representante a Motorsport, “no nació para correr en la mitad de la parrilla”. Traducido: si Red Bull no le entrega un coche ganador, la lealtad tiene fecha de caducidad. El propio Max, preguntado tras la clasificación, cortó por lo sano: “Ellos lo saben, pero no necesito hablar demasiado de ello”.

Del otro lado del paddock, Lando Norris no se muestra intimidado ante la idea de tenerlo como compañero. “Puedo ganarle a cualquiera”, respondió el británico a los rumores. Fácil decirlo; otra cosa es medirse con Verstappen en el mismo garaje.

La casa que se quedó vacía

Para entender por qué esto pesa tanto, hay que mirar quién ya no está. Christian Horner, Adrian Newey, Helmut Marko: los tres pilares que levantaron la era dorada de Red Bull salieron por la puerta. Verstappen se quedó como el eje absoluto del proyecto, y al frente del equipo está ahora Laurent Mekies.

Mekies no escondió el enojo. Reconoció que Max “tenía razón en no estar contento” y admitió que es “muy desagradable para un piloto que el coche lo abandone en curvas rápidas dos carreras seguidas”. Más todavía: aceptó que su equipo tiene que convencer a Verstappen de quedarse, no al revés. Es un giro brutal para la escudería que durante años dictó las reglas del mercado de pilotos.

¿Y si de verdad se va?

Aquí conviene bajar las revoluciones. Que la cláusula esté activa no significa que Verstappen ya tenga un pie fuera. Su bando quiere decidir pronto —idealmente antes del parón de verano— para que todos sepan a qué atenerse, pero legalmente no está obligado a avisar a Red Bull hasta octubre. Hay margen. El año pasado, el culebrón con Mercedes no se apagó hasta pasadas las vacaciones, y quedó en nada. Y existe un argumento de peso para quedarse: si Red Bull encuentra el rendimiento con el reglamento de 2026, ¿para qué mudarse?

Lo que nadie discute es que el aura de intocable de Red Bull se agrietó. Para el aficionado mexicano, que siguió a esta escudería en la era de Checo Pérez, ver a Verstappen coquetear con la salida tiene algo de fin de ciclo. Si Red Bull te marcó como fan de la Fórmula 1, esta bien podría ser la última temporada de Max con el toro en el pecho: la mercancía oficial de Red Bull Racing —de la gorra a la chamarra— es, quizá sin quererlo, una pieza de museo en formación. Y si lo tuyo es el piloto más que el equipo, la colección de Max Verstappen seguirá contando su historia lleve el mono que lleve.

¿Y si el naranja de McLaren termina siendo su casa en 2027? Habrá tiempo para hablar de la mercancía de McLaren. Por ahora, la pregunta que dejó Silverstone sigue flotando en el aire: ¿de verdad Red Bull puede convencer a Verstappen de quedarse, o el coche que lo traicionó dos veces ya tomó la decisión por él?

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